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Diario Adam Corbel

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Diario Adam Corbel

Mensaje por Adam Corbel el Jue Dic 08, 2011 4:20 pm



La Llegada


El señor misterioso que le había otorgado una bombilla resplandeciente de color verde, se había esfumado junto con una neblina purpura que el notaba inusual a estas alturas del año y en una Italia limpia de ella. No entendía nada en esos momentos pero lo que ocurrió cambió su vida de un vuelco inesperado; jamás hubiese esperado pasar por estas cosas que creía salidas de un cuento fantástico. Por momentos llegó a pensar que él aún se encontraba dentro del tren durmiendo plácidamente pero sus sentidos, sus incertidumbres y sus dudas, eran tan vívidas que que era poco probable que todo esto se tratara del ilusionismo de los sueños.

No sabía que era lo que estaba ocurriendo con él ya que lo único que podía sentir era un dolor inexplicable que se centraba en todas las moléculas de su cuerpo. Era un daño que jamás antes había experimentado en su vida; no era como una quemazón, ni tampoco como un golpe, era algo muchísimo más fuerte que lo estaba volviendo completamente loco. Sentía como cada parte de su anatomía se veía atrapada por esa tortura y lo único que le quedaba por hacer Adam era gritar para intentar ahogar esos quejidos, ese dolor que no tenía procedencia alguna para él. Cerró sus ojos y apretó sus dientes con fiereza para intentar calmar todo lo que sucedía en su fisionomía pero sus intentos resultaban inútiles.
Tras gritar, a causa del incesante dolor, abrió sus ojos de golpe y noto que se encontraba en el suelo, ya que su sentido visual se veía desde una perspectiva más baja que la de costumbre. Miró para todos lados y notó que aún se encontraba en esa mugrosa estación de tren; esto no era Italia, definitivamente no lo era. No tenía la más mínima idea de donde se encontraba siquiera pero estaría seguro que lo averiguaría, no se quedaría de brazos cruzados allí bajo las espesa niebla purpura. 

Quiso rascar su nuca para intentar calmar sus ansias pero se encontró con algo realmente asombroso; no tenía la forma con la que había llegado aquí. Estiró lo que en su momento fueron sus manos y descubrió que en cambio de ellas tenía unas patas rojizas. Los latidos de su corazón comenzaron a acelerarse al percatarse de que no era el Adam que veía en el espejo, ahora era un animal. Necesitaba respuestas, necesitaba saber que le había ocurrido pero no tenía idea de como hacerlo, no sabía hacia donde ir, no poseía idea de nada.

Antes de pensar en que hacer o hacía donde correr se propuso dejar todo su equipaje en un lugar a salvo de ladrones puesto que no tenía idea alguna de como serían en esta loca ciudad. Arrastró sus maletas detrás de una pared y las dejó allí llevándose consigo solamente la mochila en su hocico.

Sus instintos lo llevaron a correr por esa ciudad desconocida para él, ya que no tenía la menor idea de adónde ir o que hacer, no sabía si esto ocurría realmente o era todo una jugada de su mente cansina. Todo era demasiado extraño, sin embargo, no detuvo el correr de sus patas al trotar. Se percato de que sus sentidos se encontraban más alertas, más agudos, puesto que podía notar todo con mayor precisión; hasta su pequeña miopía había desaparecido. Se sentía completamente extraño, desconcertado y algo demente pero, sin importarle aquello, corrió por la ciudad encendida de bombillas en busca de respuestas aunque de sus labios no saliera palabra alguna.
El cansancio lo venció después de percatarse que no podría hacer nada en ese estado extraño y que no podría hablar con nadie siendo lo que era. Soltó un bufido de su hocico, soltó la mochila y se acurruco en la plaza que se encontraba junto a la estación; sería un buen lugar para permanecer hasta que todo este asunto se diera vuelta. Quizá por la mañana, o cuando despertara, ya sería el mismo Adam de siempre o no pero lo único que quería hacer era desconectarse de ese lugar e intentar pegar un ojo en aquella espeluznante plaza.

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