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La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

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La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por El señor del sombrero el Sáb Jul 24, 2010 5:13 am

Ambos caminan por las calles de la villa, el elegante señor del sombrero que se pasea con la nueva nocturna. Solo unas cuantas calles disfrutando de aquel clima frio y de la nebulosa que se pasea bajo sus pies. Se escucha el toc toc del bastón de plata que posee una garra de felino y aquella cabeza de león en la empuñadura la cual aprieta con su mano firmemente.

Un lugar que es de color azul se postra en su frente de estos dos personajes, donde el cual, el caballeroso señor abre paso a la señorita para que pase primero, luego el entra aquel lugar. Tiene sonidos del mar y parece que las luces amarillas llaman a la intimidad, el olor es a inciensos y una mujer con un traje color vino los lleva hacía una mesa. Conoce al señor del sombrero y sin siquiera inmutarse o decir algo, les lleva a un lugar reservado, muy exclusivo. Las mesas son de madera oscura, bañadas de un mantel muy fino. La mesa está se posa con una decoración especial con cristalería y rosas de color rojo. El lugar es peculiar, elegante y con varias tonalidades en azul, con algunos cuadros que reflejan ese sentimiento del mar.

Le corre la silla a Doreen para que tome asiento y le ayuda a quitarse el saco, puesto que en aquel lugar es más cálido. La hostes les deja dos cartas de menú, y sirve en unas copas un poco de agua. El señor del sombrero con esa elegancia que le particulariza, se sienta mirando con curia a la nocturna.
-Puede pedir de beber todo lo que quiera mademoiselle...es mi invitada. -sonríe con gracia mientras busca de su saco su pipa de ébano y su caja métalica de tabaco aromatico.




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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por Doreen Conrad el Sáb Jul 24, 2010 3:37 pm

La elegancia no la perdía en ningún momento, mis pasos eran firmes, seguros, como si supieran a donde se dirigían, las únicas veces que se podía escuchar el estruendo de mis tacones eran las veces que estaba molesta, me parecía algo de mal gusto hacer aquello pero en algunas ocasiones como mis disgustos me importaba poco si la educación era bien aceptada ante los demás o no dependiendo de las circunstancias. El señor del sombrero tampoco perdía su toque, de hecho llegaba a pensar que conforme avanzaba el tiempo más elegancia, seducción y coquetería adquiría era algo raro, el hombre enigmático a cada momento me parecía más interesante con más deseos de mi parte de saber que pasaba dentro de él, dentro de su mundo. Podía ver y sentir como robábamos algunas miradas de las pocas criaturas que rondaban por ahí. Me importó poco, y seguí caminando aun siguiendo la misma posición desde que habíamos salido del cementerio, el con el brazo en mis hombros aproximándome a él, para nada me sentía incomoda, cosa que me era demasiado extraño.

Entré al lugar observando, estudiando cada pequeño detalle, me había arrancado una significativa sonrisa del rostro, hace días no sonreía de aquella manera, ya era necesario. Era completamente hermoso y elegante, desde que había llegado a la villa no había tenido la oportunidad de consentirme, para nada de hecho, era como si aquel misterioso caballero leyera mis pensamientos, como si supiera las cosas de las que estaba acostumbrada, las que deseaba, pero suponía que lo hacía más para sí mismo y sus buenos gustos que por mí. Eso de mover a las historias en mi cabeza sin preguntar al respecto era una de mis peores defectos, no podía poner en tela de juicio sus comportamientos siendo tan atento conmigo. Le sonreí al sentir su mirada en mí. Por momentos me sentí demasiado avergonzada. – Le agradezco la invitación, sólo no quiero abusar de su caballerosidad, no creo que sea correcto – Mordí mi labio inferior nerviosa, intentando evitar que mis mejillas se volvieran rojas, no deje de sonreírle ningún momento, le estaba agradecida por completo.

Sus ojos avellana me hacían sentir aquella fuerza de atracción que tienen los imanes, ¿acaso a todo el mundo le pasaba de aquella manera con su presencia? Esperaba que no, tal vez yo estaba así sólo por sentirme tan agradecida al ser tan atento conmigo, o tal vez por aquel vacío que sentía desde que había llegado a la villa, el vacío que nunca antes en mi vida había sentido. Recordé por unos momentos el haber bebido de su sangre, sentí como la garganta me raspaba de nuevo, sentí un ligero mareo, vaya que me hacía falta alimentarme. Intente concentrarme en otra cosa pero me era imposible, hasta que el color de aquel liquido me saco por completo de todo centrándome en él. ¿Qué criatura extraña era el señor del sombre? Podía jurar que no era como yo, ya que probablemente sentiría la sed que yo siento, así que era momento de romper el hielo. – Pan… usted qué clase de criatura es? – Preguntaba apenas con un tono de voz poco legible, no sabía si la pregunta era correcta o indebida. Tenía curiosidad, no podía negarlo y es que si iba a permanecer aquí al menos un tiempo más, debía conocer un poco de los demás, necesitaba saberlo para aprender a relacionarme por completo, o al menos para tener en cuenta algunos puntos.

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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por El señor del sombrero el Sáb Jul 24, 2010 9:38 pm

Se queda mirándola bajo aquellas parpadeantes luces amarillas que hacen que la estancia sea más acogedora. En esa sala solo está la mesa donde están ellos dos y hay una puerta con ventanales, ellos pueden ver que hay detrás de ellos, pero nadie puede verlos. También está una ventana completa de piso a techo que da hacía la villa y las luces azules del exterior se reflejan en esta, pasa lo mismo, la gente que pasa ahí, solo ve su reflejo, no puede ver nada del interior.
-No tiene nada que agradecer, me gusta complacer a mi esclava –le guiñe un ojo con extrema gracia y sonríe de forma picara poniéndole un poco de humor, tomando la mano de la mujer y besándole el dorso- No se preocupe, pida lo que desee. –Dice con esa caballerosidad quitándose el sombrero y mostrando ese cabello castaño claro, sus ojos avellanas brillan con las luces y mira con cautela el menú. No enciende su pipa, solo la deja en la mesa.

El cierra la carta y esos ojos crueles avellanas se posan sobre la mujer mirándola con curia, luego cuando ella hace la pregunta frunce levemente el cejo.
-Eso no importa. –Dice de manera seria- ¿Qué le sucede? La noto débil… ¿Tiene sed? – le levanta la barbilla a la joven para mirarle con profundidad los ojos.

En ese momento llega la camarera para levantar el pedido, interrumpiendo un momento. Es una mujer de baja estatura y bastante común, ojos marrones y cabello oscuro. El señor del sombrero regresa a su menú, pide una botella de vino, y de comer solo pide un aperitivo, espera que su invitada pidiera. La camarera coloca dos servicios de cubiertos y unas servilletas de tela, luego se marcha.




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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por Doreen Conrad el Dom Jul 25, 2010 7:22 am

Me caracterizaba por tener siempre una manera muy genuina al hablar, demasiado educada, demasiado elegante, pero cuando algo me inquietaba demasiado, cuando aquella curiosidad se abría por completo en mi mente pidiéndome averiguar en el momento y no dejarlo para después no hablaba de manera correcta, sabía que hasta cierto punto llegaba a ser demasiado imprudente, muchas veces causando la incomodidad de mi acompañante, parecía que mi torpe pregunta le había causado malestar. Suspire, no podía pedirle disculpas, ya lo había hecho, no hay marcha atrás. Lo único que quedaba era sonreírle no de manera normal, ahora aplicando un poco de coquetería, tal vez no ayudaba mucho a relajarme de aquel momento que había causado pero al menos intentaba hacer algo al respecto.

Suspiré varias veces intentando controlar aquel pequeño malestar, aquel mareo, presione los ojos por unos instantes la suave mano del señor del sombrero me sacaron por completo de mis pensamientos, le sonreí divertida, sintiendo cierta emoción, aquella broma sobre ser “su esclava” me daba emoción de cierta manera, quería saber hasta dónde podía llegar aplicando aquel termino en mí, si eso era un reto interesante entre los dos o sólo dejarlo como hasta ahorita, simples bromas. Arqué la ceja torciendo los labios de manera molesta, sabía que podían interrumpirnos porque estábamos en un lugar público pero no interrumpir de aquella manera. La curiosidad invadió mi ser, ¿Mi nueva condición me permitía alimentarme de comida cualquiera? No sabía, ahora tocaba descubrir, tome el menú, nada había llamado mi atención así que con total gracia escogí lo primero que mi dedo se cruzó al señalar, enseñe a la camarera, sin decir más, eso de irme de descubriendo aun no ayudaba mucho.

Le miré de nuevo, sería. – Siento ligeros mareos Pan, supongo que es por mi deseo de seguir bebiendo sangre – Me sincere sin dejar de verle a los ojos, de manera insinuante relamí mis labios para él, con lentitud, delicadeza y completa coquetería. – Tiene un sabor delicioso – Había inclinado un poco mi cuerpo para susurrar un poco lo último. Estire mi mano, pase la yema de los dedos por la de él como acariciando el dorso de la mano. Regrese a mi asiento para recargarme de manera correcta, cruce las piernas para pomar una pose correcta y estilizada. - ¿Usted se encuentra bien? Me hace sentir que debo complacerle con algo, usted lo hace conmigo, yo debería hacerlo – Jugué con mis dedos entrelazándolos nerviosa.

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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por El señor del sombrero el Mar Jul 27, 2010 2:52 am

Pan se queda mirando a la mujer en silencio mientras esta parece pensar en algo que el desconoce, pero es todo un manjar de emociones del cual se alimenta, sonríe con esa cruel sonrisa encantadora. La camarera se retira de la sala donde se encuentran y el señor del sombrero le mira con curiosidad.
-¿Cuánto tiempo tienes en la villa? –pregunta mirándole a los ojos revelando ese matiz de los ojos avellana que posee. El sonríe al mirarle los labios y ese toque de seducción que tiene al pasarse la lengua sobre estos. El extraño hombre la calla cuando se pone a parlotear Shhh shhhh le pone un dedo sobre los labios y la besa de forma delicada y pasional, un beso con esa increíble atracción que desgaja seducción. Se despega de ella segundos antes que los pasos de la mesonera que regresa hasta la mesa dejando sobre de ella el pedido, destapa el vino y el caballero del sombrero la detiene para que no lo sirva. Deja la comida y la mesera se va. Cuando cierra la puerta Pan se arremanga su camisa de nuevo y se hace un corte donde había hecho esa incisión momentos atrás con uno de los cuchillos de sobremesa y luego se lo ofrece a la mujer que está a su lado.
-Toma lo que necesites, a mi no me hace falta. –dice con aquella voz celestial mientras acerca el brazo a los labios de la mujer, le acaricia el rostro y le sonríe con esa malicia encantadora-.




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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por Doreen Conrad el Miér Jul 28, 2010 3:35 am

Un beso es lo que menos podía esperar de aquel encuentro, lo que había pasado, me había dejado llevar por su beso, correspondiendo este de la misma manera con la que él me besaba, acaricie su rostro unos momentos. Separarme fue difícil, tenía una especie de imán difícil de descifrar, sonreí nerviosa, voltea a ver a la camarera que dejaba las cosas en la mesa, observe mi platillo atenta apreciando los aromas, podía identificar el dulzón de cada uno, incluso darme cuenta si el preparado era al cien o en que termino pero no se me antojaba de la manera que me había puesto la sangre del señor del sombrero. Suspiré varias veces observándolo, ¿Acaso no le dolían aquellos cortes?

La aproximación de su brazo sangrante a mis labios hizo que las pupilas se me dilataran, incline mi rostro disfrutando de su contacto sobre mi mejilla, sobre mi piel. Moví ligeramente mi labios, inclinando mi cabeza y acercando mi cuerpo para darle más comodidad al momento de darme de su sangre, pase la lengua por esta, saboree varias veces su sabor en mi paladar, tome su brazo con firmeza en mis manos y comencé a beber de él, en un primer momento dando ligeras succiones, separe mis labios sólo para mirarle a los ojos y sonreírle. – Si me permite tomar lo que desee no querré parar – Guiñe un ojo volviéndome a concentrar en la sangre, pegue de nuevo mis labios, succionando cada vez más fuerte, pasando la lengua a lo largo de aquel corte perfecto que se había hecho.

Después de unos momentos de estar así, pude sentir mi cuerpo más fuerte, la visión que tenía era demasiado clara, me había olvidado por completo que bebía del señor de sombrero, del lugar dónde nos encontrábamos, hasta que pude apreciar sonidos lejos, como algo que se había roto. Separe mis labios de él rápidamente observándolo con picardía, la energía había vuelto a mí por completo y se lo agradecía. – ¡Delicioso! – La emoción en mí era demasiado evidente. – Que desconsiderada, coma algo – Observe mi platillo, estaba satisfecha pero por la sangre del señor del sombrero, mi dieta por lo visto había cambiado, y a pesar de querer ver si la comida humana normal me llenaba, no me atraía tanto como la sangre.

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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por El señor del sombrero el Jue Jul 29, 2010 7:04 am

El extraño hombre se queda mirando a la mujer con sus ojos avellanas, el brillo que plasma su mirada es inquietante, misteriosa. Sonríe maldito y encantador. La comida no es importante para el hombre, solo la mira y se deleita con los aromas. La camarera les teme y se apresura para dejar todo como lo pide el señor del sombrero, se va. No le importa el dolor, se siente satisfecho con este, y disfruta cada segundo que la mujer bebe de aquella sangre del caballero. Ella puede sentir que el sabor es especial, especiado con ese aroma a lavandas que posee. Dejó que bebiera hasta que se saciara que disfrutara de aquella sangre escarlata. El le sonríe acariciándole la barbilla y el contorno de los labios que tienen ese color guinda de la sangre húmeda.

La nocturna termina de beber del señor del sombrero y está satisfecho de que ella se sienta mejor, esa sonrisa llena de complicidad se dibuja en las comisuras de los labios. Algo se rompe en la cocina, pero eso no importa porque en la sala que está lejos de todo. Asiente y con otro pañuelo azul de seda, se limpia la herida, luego se coloca bien la manga de la camisera y se abotona la mancuernilla. -No tengo apetito, también estoy satisfecho…-Sirve las copas de vino y toma la suya brindando con la Nocturna, haciendo tintinar las copas- ¿Se siente mejor?...-bebe un sorbo de su copa dejándola luego sobre la mesa- La sangre es parte de su condición, volverá a sentir esa sed insaciable. Solo se aplaca con la sangre.Toma la mano de la mujer con esa galantería y le besa el dorso. -Si mi esclava se porta bien está noche, le daré más de aquella sangre que le sacie todos esos instintos –dice con humor y bebe un poco más, para luego guiñarle un ojo-.




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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por Doreen Conrad el Sáb Jul 31, 2010 7:06 am

¿Si me portaba bien? ¿A qué se refería con eso? Ya había tomado suficiente sangre, llegaba a pensar que pronto terminaría con toda la que su cuerpo tenía, pero parecía que eso no le molestaba en nada, torcí los labios confundida por eso, pero daba igual, el me la había dado, el parecía normal, coloque mi mano libre encima de la mano de él, ambos parecíamos poco interesados en la comida que nos acababan de traer, volteé mi rostro observando los platos, intactos, podía sentir el aroma, pero aquello no me daba el mínimo interés en querer si quiera probarlo al contrario sentía cierta repulsión, todo lo contrario a el deseo adictivo de la sangre.

Solté ligeramente sus manos, arrime un poco el plato apartando su aroma de mí, el lugar era demasiado íntimo, nadie podía detectar que hacíamos dentro de él, observe al señor del sombrero curiosa, quería saber qué cosas se le venían a la mente. Recordé el momento en que lo había conocido, cuando me entrego la bombilla, ¿tan rápido se había olvidado de mi rostro? Por unos momentos me había sentido ligeramente ofendida, pero suspiré olvidando aquello, de tantos habitantes en la Villa, de tantas cosas “raras” que pasaban, que empezaba a ver del lugar, con el poco tiempo que lo había visto era seguro que se había olvidado de mí, no era cosa del otro mundo.

El estar sentada sin saber que hacer o decir me ponía inquieta, me levante de mi asiento con lentitud, sin perder la elegancia, la coquetería en mis movimientos, caminé hasta encontrarme detrás de él, coloque mis manos en sus hombros ejerciendo presión, como un ligero masaje - ¿Cómo evaluará si yo me porto bien o no?¿De qué depende eso? – Volví al tema con curiosidad, nunca olvidaba los temas que más me inquietaban, mucho menos cuando me ponían nerviosa, tenía que empezar a conocer más de mi condición para no sentirme tan torpe y vulnerable como en estos momentos, no me gustaba sentir que mis acompañantes tomaran el rumbo de las cosas, incluso podía llegar a sentirme manejada, pero quería atribuir que todo era por mí inexperiencia en esta zona.

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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por El señor del sombrero el Dom Ago 01, 2010 7:16 am

El caballero del sombrero bebe un poco más de vino de la copa. Le sonríe enigmático a la Nocturna. Nota algo extraño en las emociones de la mujer y todo lo que ella emite lo absorbe como una esponja. Aprieta su mano con delicadeza y se la lleva a la boca para besarle el dorso. La comida no le importa para nada y se queda observando los ojos de la mujer que la acompaña esa noche. Algo que no puede evitar es olvidar su trabajo, el sabe que hace algo para el roble, pero no puede recordar todas aquellas caras las cuales deja una bombilla a su destino. Es complicado para el señor del sombrero cuando solo se es un títere del roble fantasma.

La mira con esos ojos avellana y la sigue hasta cuando se posa detrás de él. Abre la caja metálica de tabaco y atasca su pipa de ébano. Cierra los ojos mientras fuma su pipa y la nocturna aprieta sus fornidos hombros. Sonríe maligno, sin perder el carisma atrayente que tiene al escucharla.
-Es parte de todo esto señorita Doreen ¿Cómo le gustaría que le evalúe? Solo le digo que no es un examen. –Fuma pasivamente después de hablar con esa seductora voz y le mira, toma una de sus manos dándole una caricia - Platíqueme algo de usted ¿Quién era antes de llegar a la villa?. No se ponga nerviosa que no le haré daño, venga, tome asiento y beba una copa de vino conmigo. -le alarga la copa de vino y le guía con la mano para que regrese a su lugar sellando este movimiento con esos seductores movmientos- Usted me gusta- dice acercandose a ella para besarle con esa cruel boca que puede invocar las pasiones más escondidas de cualquiera. Se separa y fuma de nuevo, esperando que la Nocturna cuente algo, lo que quiera, lo que ella desee, él espera-.




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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por Doreen Conrad el Lun Ago 02, 2010 2:55 am

Sonreí al sentir la suavidad de la piel del señor del sombrero, devolví su caricia, de manera pronunciada, me senté cruzando las piernas con delicadeza, con coquetería, estirando un poco el vestido para cubrir mis piernas. Por primera vez desde que había llegado a la Villa alguien me preguntaba que había sido de mi vida antes de llegar aquí, me sentí bien, segura, y un ligero rubor se mostró en mis mejillas, aquel hombre sabia como tratar a la mujer, sabia decir las palabras necesarias para olvidar los miedos de estar con un desconocido haciéndola sentir a gusto. Recordé por unos momentos mi vida fuera de este lugar, seguramente estaría encerrada en una oficina arreglando conflictos de la marca de mis padres, o seguramente estaría adelantando un poco de trabajo para poder salir a tomar un café o leer un libro.

Aquel beso había perturbado mis sentidos, la manera en que lo había hecho provoco algo que antes no había sentido, lo correspondí temerosa, pero al momento de sentir como se separaba mordí su labio inferior con delicadeza, si su sangre sabía bien, sus labios también le hacían justicia, todo él era perfecto, o al menos lo que me mostraba hasta ahora. ¿Qué le gustaba? Aquello era un verdadero alago para mí, asentí por unos momentos, ¿qué debía decirle yo por aquellas palabras? No quería sonar atrevida, era coqueta sí, pero no me gustaba hacerme pasar por una atrevida, sabía que muchas veces podíamos llegar a adquirir aquella mala fama, además mientras más nos damos a desear, mejor resultan las cosas, bueno, dependiendo con quien. – Ustedes es tan encantador – Le guiñe un ojo. – Sé que no es un examen, pero … - Volví a acariciar su mano esta vez pasando la yema de mis dedos por el dorso de su mano – Quisiera saber que le gustaría que yo hiciera … - Aclare mi garganta, decidí volver al tema.

Suspire sin dejar de verle, sin dejar de soltar su mano. – Las artes – Dije apenas entre susurros, recordando mi pasión por aquellas cosas. – Estaba demasiado relacionada en las artes, la pintura, fotografía, la música, los bailes – Sonreí al querer volver a sentir aquella sensación de estar bailando, de estar pintando un cuadro, tenía ganas de retratar aquel momento, incluso retratar el rostro perfecto del señor del sombrero, poder dárselo de regalo o sólo para poder apreciarlo cuando no lo tuviera presente. Llegué a imaginarme bailando de manera elegante, sexy con el hombre que estaba enfrente de mí. Me trataba bien así que no podía sentir más que cierto agradecimiento por él, incluso quería permanecer más tiempo con su compañía.

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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por El señor del sombrero el Jue Ago 05, 2010 12:00 am

Se siente complacido que a mujer le corresponda el beso y le gusta que le muerda. Le mira con esos enigmáticos ojos avellanas y fuma su pipa mientras piensa, no se sabe con exactitud que pasa por la mente del señor del sombrero y esa sonrisa maligna se plasma levemente escuchando. Eso lo sabe bien, sabe lo que posee y de lo que tiene, por eso aprovecha todo lo que puede. Es un hombre de unos treinta y tres, casi treinta y cuatro años, con una apariencia impecable, pulcra, atractivo, no, no atractivo, exquisitamente guapo, irresistible, con sus finos trajes y su sombrero que lo hacen lucir aun más poseedor de riquezas y belleza sublime. Mira sus manos de la mujer que tocan las de él, enarca una ceja y una sonrisa se plasma en sus labios. Rellena su copa de vino y toma un trago con elegancia.
-¿Qué es lo que hacen las esclavas señorita Doreen? –se le queda mirando con curia y sonríe divertido- Solo es una noche para compartir… Hará lo que quiera ¿o lo que YO quiera? No estaría mal esto último. Pero si usted no quiere, no le obligaré.

Recuerda por un momento la hiel que le recorre las venas en color azul cuando escucha todo lo de las artes y su mirada se vuelve oscura y fuma de su pipa sacando esas fumarolas de tabaco aromático.
-¿Sabe tocar algún instrumento? ¿Le gustaría bailar? –Le da una mano para que se pongan de pie y bailen una pieza de música imaginaria, el señor del sombrero no es bueno en las aretes musicales, pero es experto en las artes de seducción y bailar incluye una de ellas, deja su pipa sobre un cenicero y a n lado de la mesa invita a su acompañante a que bailen esa pieza, tomándola por la cintura y ciñéndola más hacia el.




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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

Mensaje por Doreen Conrad el Jue Ago 05, 2010 6:13 am

Seguridad, eso es lo que muchas veces llama más la atención de un hombre, la manera en que sabe utilizar sus dotes, sus cualidades, sus mañas a su favor, si le sumamos lo enigmático, el atractivo y la inteligencia, podíamos tener un hombre al cual desear en todos sus aspectos. Tal vez, podría verme muy sumisa en estos momentos, la manera tan desorientada en la que estaba, no conocía nada de la Villa, incluso no sabía mucho de mi condición, el hombre que tenía enfrente parecía conocer mucho, era una especie de “ángel” para mí al sentir su apoyo, su ayuda. Me sentía agradecida era todo, pero no me gustaba sentirme intimidada, sabía que era una joven bella, lo sabía por la manera en que podía robar algunas miradas, también sabía que era inteligente, de carácter fuerte, muchas veces podía ser reto para algunos, daba igual no me pondría a pensar en eso ahora, quien quisiera notarlo o compartirlo que se acercará. El señor del sombrero estaba cerca así que podía creer que tenía interés por lo menos en conversar.

- Las esclavas obedecen los mandatos del amo, o pueden ser severamente castigadas – Sonreí a medias, intentaría olvidar un poco eso – Está bien, sólo pasémoslo bien – Suspiré un tanto dudosa, le sonreí por completo por sus preguntas. – El piano… - Tome su mano, coloque la servilleta que segundos antes había colocado en mis piernas por la “comida” que estaba por ingerir colocándola en la mesa, le di un ligero apretón, estaba muy contenta de poder hacer algo que extrañaba por completo. Sentí la proximidad de su cuerpo con él mío su temperatura corporal era demasiado fría, por extraño que pareciera adoraba ese frío, hacía que me quitará un poco de la cabeza la sed, el deseo de volver a beber de él, sentí como mi cuerpo cambiaba de manera rápida de caliente a frío, me centre en sus ojos avellana, sonreí con timidez, aquel momento era especial ahora.

Coloque mi mano a la altura de su hombro, la otra en su espalda, mi figura estilizada y recta, no sabía qué clase de baile podíamos hacer, una tango sería lo más apropiado para nuestro acercamiento para él momento, un baile, sexy, elegante, que no cualquier pudiera realizar, sabía que él podía seguirme bien. Por un momento más me perdí en sus ojos, sin dejar de poder sonreírle, pronto el baile parecía cómplice de nuestros movimientos, de alguna que otra caricia que podía darle al danzar no sabía si estaba a gusto de esa manera. – ¿Quiere seguir así, o algo más tranquilo? – Baje el ritmo del baile por un momento, recargue mi cabeza en su pecho, aspire por unos momentos su aroma, cerrando los ojos, escuchando con ligereza mis tacones colocarse en el suelo, al dar un movimiento tras, otro.
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Re: La sed de las tormentas (Doreen Conrad)

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