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Felicity Norah Whittingslow.

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Felicity Norah Whittingslow.

Mensaje por Felicity N. Whittingslow el Dom Nov 20, 2011 8:02 pm



Felicity Norah Whittingslow

-Sobrenombre: Felicity en general, pues no suele consentir que la llamen de otra forma. En cambio, su marido tiene por costumbre usar de apelativo Fee cuando el cariño los invade.
-Raza: Humana. Caucásica.
-Edad: Treinta y ocho tacos.
-Actividad: Ejerce como ingeniera en una de las empresas más respetables de Inglaterra.
-Nacionalidad: Natural de Londres, Inglaterra.
-Orientación sexual: Heterosexual firme.
-Estado civil: Desgraciadamente casada.


Descripciones

-Descripción física: Harta de su cuerpo, de ella misma, ya no sabe valorar un físico que pese a rondar ya sus cuarenta años en uso, no está compuesto por consumición aparente ni vejez prematura. De una estatura que se podría cosiderar dentro de la media, Felicity salta del suelo hasta el metro sesenta y cuatro que acaba su longitud, aunque suele trucarla añadiéndole ostentosos tacones a sus pies que la elevan unos cuantos centímetros más. De piel paliducha, comúnmente decorada con todo tipo de maquillaje. Con el cabello de longitud media, que le cae con una rectitud ejemplar hasta ambos hombros, y el cual luce unos tonos dorados actualmente algo más apagados. Dos rasgadas orbes que, en parte, están teñidas de un color azulado claro, suelen presentar la misma frialdad que ella misma en su personalidad. Unos labios finos, tanto el inferior como el superior, que actualmente presentan todo tipo de colores extravagantes según las últimas modas de las revistas. De complexión normal, sigue en su obsesión de llenar su cuerpo de todo tipo de dietas para verse mejor frente a un espejo pese a las insistencias de sus conocidos en que, dada su edad, está genial. Dada su edad, dada su edad. Odia tal cosa, y por eso, en un complejo por retroceder en el tiempo aun sin ser posible, sus ropas han pasado de ser elegantes trajes de empresa a pomposos y supuestamente juveniles vestidos que llevaría alguien con diez años manos. Su obsesión por los zapatos tampoco puede ser pasada por alto, ya que tiene tantos pares como para dedicarles un solo armario de la casa a ellos.

-Descripción psicológica:


De refinado comportamiento y modales exquisitos, la florecilla que un día fue se ha transformado en un ramo entero de perfumadas palabras y actitud correcta según la doctrina que debe seguir cualquier mujer de la alta sociedad. Desde pequeñas educadas para alcanzar la perfección en ser la mujer jarrón de un gran hombre con el que llorar si llora y celebrar su victorias como si fueran las suyas propias. Felicity no tardó en aceptar tal destino al igual que había hecho su madre, la principal instructora en modales de tal calaña, aunque con el tiempo aprendió a adquirir sus propios sentimientos por propia necesidad. Principalmente temperamental, no suele cabrearse con facilidad, pero si lo hace ten por seguro que no te gustaría estar por ahí cuando ocurriera. No se le da bien eso de reprimir chillidos y berridos cuando necesita desahogarse soltándole cuatro cosas a alguien. Estricta y de una seriedad que muchas veces podría asustar a cualquiera que no la conociera con mayor profundidad, su perfeccionismo hace que se tome muy en serio todo lo que le rodea, tanto la educación de su hija como su trabajo como ingeniera e, incluso, su matrimonio. Rozando lo neurótico, no soporta no tener el control absoluto de lo que le rodea, pudiendo así protegerlo bajo su paraguas de examen constante a las situaciones que la acorralan. De puertas para fuera la mujer perfecta colgada del brazo de su marido, con una máscara de superioridad sincera y cinismo descarado; dentro, la mujer que minuciosamente examina a cada miembro de su familia para que vayan según el canon que ha de seguir una familia de tal magnitud.

Llena de maternidad oculta, de amor que dar a los demás y ansiosa de recibir el cariño que desea, Felicity ha llegado a un punto en el que el descontento con su cuerpo y con su ser en general rozan lo disparatado, y una depresión que la golpea día sí día también provoca que muchas veces sea insoportable estar a su lado. Pero ella no puede evitarlo. Ansiando volver a ser joven, la mujer se pasa los días y las noches risueña por regresar a aquella época en la que aún podía mirarse a un espejo y no echarse a llorar sobre él. Cariñosa con sus seres más cercanos, no puede reprimir abrazos si necesita darlos ni taparse los labios cuando desee llenarte la cara de besos. Encantadora a cada palabra que suelta, es extrovertida y no se le dan nada mal las relaciones sociales, por lo que no es de extrañar que en el club de campo pase más tiempo parloteando que jugando al golf. Coqueta, presumida, adora llenarse la cara con miles de productos de nombre impronunciable que la hagan parecer más joven, más guapa, más como dice la moda que hay que ir esta temporada. Cuidadosa en sus movimientos, suele preguntar no una, sino veinte veces antes de disparar, ya que suele ser para ella de vital importancia conocer, procesar, meditar lo que quiere decir antes de soltarlo sin más. Por ello muchas veces suele quedarse callada antes de responder cualquier cosa que pueda acabar metiéndola en algún apuro. Por supuesto, esta regla es inexistente si hablamos del campo de las discusiones. Su vida se basa en apariencias, absurdas máscaras que bien podría guardar junto a sus zapatos en un enorme armario: hipocresía de la aristocracia.

Insegura y aparentando seguridad las veinticuatro horas del día; desgraciada y fingiendo una desbordante alegría; infeliz y haciéndose creer que todo lo que rodea son los principales motivos por los que debería levantarse cada día con una sonrisa. Felicity es fuerte, no se deja avasallar por cualquier cosa. De valentía superior a la de cualquiera con el que pudiera compararse, sabe que llegaría a hacer prácticamente cualquier cosa por defender a aquellos que realmente le importaran. Miles de veces han sido las ocasiones en las que ha gritado a los cuatro vientos que daría la vida por su hija, y no lo decía por decir. Lucha ante sus propios conflictos mentales con sus propias armas, y si el problema es suyo, solo será suyo. No se permite exteriorizar más sentimientos de los que una dama de alta clase puede mostrar: felicidad, tristeza, se acabó. ¿Quién escucha sus problemas, entonces? No, una mujer no puede exteriorizar problemas, ella debe tragárselos, o eso le enseñaron. Ahora lo pone en duda.


Historia y Familia
-Historia:

Poder, cantidad, lujos y completa infelicidad. La vida de los Fellow no se describe con más palabras que las citadas anteriormente. Claro ejemplo de que el dinero no da sino bienes materiales y no la ansiada felicidad casi más costosa de alcanzar que la suma de dinero que llegaron a reunir. Nacida un catorce de mayo en la capital inglesa, Londres, Felcity no fue más que el claro ejemplo de la mente carcomida por los superiores o, en este caso, sus padres. De ideologías que una niña aún no comprendía, fue educada como una niña bien y con la cabeza bien alta pese a ser métodos que a opinión de cualquier personaje racional podrían ser tachados de machistas y conservadores. No les importaba. Los Fellow eran como cualquier otra familia de clase alta inglesa, siempre con sus modales a la orden del día y corrigiendo cualquier simple movimiento que pudiera ser inapropiado a ojos de algún snob pedante. Metiéndola que la base de una familia estable era el dinero, cualquiera le habría dicho a sus hijos que el amor y la felicidad van primero. Los Fellow no creían en cuentos de hadas, como ellos solían llamarlo, y Lauren se encargó estrictamente de que su hija heredara tal mentalidad. Anaïs, la que llegó unos años más tarde, tampoco conseguiría librarse de una educación como aquella. Pero su principal objetivo fue la pequeña Feli, como la llamaban, pues sería la que algún día saldría antes que su hermana y se comería el mundo en brazos de un gran hombre y, como su madre decía, a su sombra.

Esto no es así, las manos sobre la mesa, atiende a las lecciones, ¡mira cómo llevas el lazo, casi deshecho!... Despierta, Felicity fue creciendo como una máquina más del sistema que, como cualquier niño, estaba en manos de sus padres para pasar sus primeros veinte años pensando cosas que tal vez no llegaban a ser de su agrado. Pero Felicity quería ser una buena hija, quería presentarse ante los demás como una dama educada, con los modales que se asignaban a su clase social. No quería ser tachada de rebelde, poco apopropiada o nada femenina. Ella quería ser como su madre, una princesa, una gran mujer. Decía lo que le enseñaban a decir y actuaba como la enseñaban a actuar, y debía hacerlo por obligación, aunque ella no se quejaba. Es más, se esmeraba en inútiles intentos de hacer que su hermana, Anaïs, mucho más alocada y descontrolada que ella, adquierera los modales que su señora madre pretendía implantarlas con tanto esfuezo. Anaïs era libre, y tal vez aquello carcomía la mentalidad de Felicity en una mezcla de envidia y admiración. Las broncas, por supuesto, acababan siendo para la pequeña, mientras Felicity recibía halagos sobre sus vestidos o sobre su buen comportamiento a sus simples catorce años. Estudiaba, sí, en una de las mejores escuelas de toda Inglaterra, y se pasaba horas en la biblioteca de casa devorando los tomos de historia y deleitándose con los libros sobre arte. Cualquier cosa le servía para aprender algo nuevo, para tirarse horas sentada en una silla leyendo algo que a ojos de cualquiera podría ser de lo más aburrido.

Pasaron los años sin mucho cambio en su vida hasta que sus primeros amores llegaron. Lo cierto es que la cosa no llegó a puntos importantes hasta que conoció a su primer novio, a los diecinueve años, llamado Caslav, de origen serbio. Por supuesto, la cosa no duró más de un par de años en los que, medio amigos medio pareja, se tuvieron que separar por la marcha de éste a su país natal. Lo siguiente no fueron más que cortas relaciones hasta llegar al punto en el que Felicity dedicaba más tiempo a su vida de estudios que a la personal. Todo hasta que finalizó su carrera y acabó conociendo al que posteriormente sería el hombre de su vida. Precipitada como ella era, lo conoció por el descuido de derramarle el café encima por ir charlando con quien no debía en vez de prestarle atención a su entorno. Conocerse fue pan comido, y el año que tuvieron de noviazgo pasó para ella con una fugacidad incomprensible. Se casaron, y al poco tiempo tuvieron a su primera y única hija, su ángel, su niña, Soshanna.

Ella como ingeniera y él como reputado abogado, los años pasaron como si alguien los estuviera controlando para divertirse con ellos. Los primeros fueron inolvidables, rápidos, felices. Se estancaron. Acabaron por caer en la rutina, en el olvido, en perder la magia que los había atrapado. Su gran crisis comenzó a los nueve años de estar casados. Felicity, con sus inseguridades, pensaba que el tiempo que le dedicaba su marido era inferior incluso al que le daba a sus perros, y, buscando el apoyo donde no debería haberlo hecho, a los nueve años y ocho meses de su matrimonio, cumplió también su primer desliz con un compañero de trabajo, Sean. No fue difícil cautivarla: deprimida y con la necesidad de desahogar sus penas, posiblemente Sean aprovechó la ocasión, y Fee simplemente se dejó hacer... hasta que la culpabilidad la invadió. Cuatro meses de infidelidad a su marido; cuatro meses en los que o bien no podía dormir por la culpa o bien descansaba más tranquila que nunca por sentirse de nuevo querida, tal y como recordaba del inicio de su matrimonio. Aún así, las peleas con Neil eran frecuentes, demasiado, y casi por cualquier tontería que comenzaba Felicity. Acabaron llendo a terapia, sí, ellos, los que parecían tan felices... Y les recomendaron un viaje solos, en el que posiblemente acabaran con todos sus problemas o volvieran peor que antes. Así llegaron al Vagón 7, el inicio de su aventura, el comienzo del regreso de la magia o de la pérdida total de ella.

-Familia:

Sra. & Sr. Fellow: Lauren y Wilson, de 67 y 65 respectivamente.
Anaïs Kerry-Ann Fellow: La hermana pequeña, de 34 años, madre soltera.
Soshanna Alexandra Whittingslow: Su pequeña princesa, hija en común con Neil, de nueve años.
Neil Lorcan Whittingslow: Su marido, de 44 años, y con el que además de una hija comparte una crisis de las gordas.
Los otros tres: O Quentin, Vaslav y Neil Jr. Los tres hijos de Neil y con los que comparte una simple relación tensa e indiferente.

Otros Datos

Nivel de adquisitivo: No puede ni debe quejarse. Su vida ha estado rodeada de comodidades desde siempre, lujos y riquezas. Se podría decir que elevado, bastante elevado. Nunca ha tenido mucho problema en lo que al dinero se refiere.

Pertenencias:
Su libreta-diario en la que apunta tanto cosas importantes que no puede ni debe olvidar, como sentimientos reflejados en una hoja que le ayudan a escapar de su fatídica crísis, tanto matrimonial como mental.
Pequeñas fundas de plástico en las que lleva bien doblada cada prenda, clasificada. Desde ropa interior hasta alguna que otra chaqueta, además de sus adorados vestidos y un par de zapatos.
Maniática de la higiene, lleva un enorme neceser con todo lo necesario -y no necesario- para baño. Se ha permitido añadir, además, unas cuantas cremas preciadas y bastante maquillaje.
El libro que tiene a medio terminar y un par de revistas de jardinería. Además, una foto de sus dos ninfas, las que dejó al cuidado de su hija.
Una pequeña caja cerrada con llave en la que guarda un colgante plateado que lleva colgado un diminuto reloj adornado con varias piedras preciosas. Herencia de familia.
Una escueta nota que tiene escondida en uno de los bolsillos pequeños de la maleta. Es de Sean, e intenta llevarla siempre consigo por miedo a que la descubra su marido si la esconde en cualquier parte, ya que no quiere deshacerse de ella. La relee cuando tiene una discusión con Neil o simplemente lo necesita.

Enfermedades: No podría considerarse una enfermedad como tal, pero si una especie de depresión. A su edad está comenzando a sufrir lo que muchos llaman la crisis de los cuarenta. No se ve deseable, desearía tener veinte años menos y pretende volver juvenil su apariencia y la de los que la rodean -como es el caso de su marido-.

Antecedentes: Está impoluta en ese tema. Ni siquiera se permitió quitarle una sola libra a su padre de la cartera cuando era pequeña.

Manías o Trastornos:
Es una amante de la perfección y, por ello, suele agobiar a sus seres más allegados acicalándolos hasta hartarlos. Es una manía que tiene y que no puede controlar. Desea que todo lo que esté a su alrededor sea perfecto.
Tamborilear los dedos sobre sus labios cuando necesita extrema concentración en algo; también suele recurrir a dicho movimiento cuando necesita recordar algo importante que haya olvidado apuntar.
Cuando se pone nerviosa suele introducir la coletilla 'o sea' a casi todo lo que dice. Le sale prácticamente sin pensarlo.

Fobias:
Suele atormentarse mucho si algo le sale mal. Demasiado perfeccionista.
No poder controlar situaciones que muchas veces se escapan de su alcance.
Le tiene pavor a los perros de caza de su marido. No soporta ni su aspecto.
Teme el paradero al que puede llegar su matrimonio si las cosas continúan como hasta ahora.
Peor aún, teme el cambio que podría dar su vida si su marido se entera de su aventura con Sean.

Gustos:
Sentirse, de alguna forma, querida y aceptada. Da igual por parte de quién, es algo que busca desde siempre.
El té de por la tarde. No hay nada que más la relaje que eso y sentarse diez minutos en su butaca.
Sus dos ninfas. Las cuida y mima como si formaran parte de su familia.
Su otra princesa, Soshanna, de la que intenta disfrutar todo lo que su tiempo le permite.
Su trabajo. Adora refugiarse en él cuando sabe que debería mantener la mente ocupada. En especial si ha discutido con Neil.
Devorar conocimiento sobre cualquier tema que le apasione.
Siempre le tuvo apego al blues, aunque ahora lo escuche con mucha menos frecuencia.
Adora fumar y, cuanto más fuertes sean los cigarrillos, contra ella misma, más le gustan.


Extra

Religión: Proviene de una familia cristiana practicante, pero actualmente ella ignora bastante todo lo que tenga que ver con la religión. Piensa que tiene cosas más importantes de las que preocuparse.
Habilidades: No se le da nada mal la jardinería. De hecho, es ella la que se ocupa de cuidar el jardín de su casa y de adornar con flores cualquier rincón. Además tiene una gran habilidad con la cocina, y siempre que puede adora pasarse una tarde entera preparando todo tipo de platos extravagantes y grotescos a la vista.
Deportes: A los catorce años comenzó a practicar natación hasta llegar al punto de llegar a competir con otras ciudades inglesas o de forma internacional. Actualmente no lo puede tomar más que como una afición por el tiempo que necesita para todo lo demás.
Mascotas: Tiene un par de ninfas (cacatúa ninfa), hembra y macho, las cuales requieren especiales cuidados. Las trata como si de un par de hijos más se trataran y, de hecho, les tiene más afecto que a los hijos de su marido.
Idiomas: Siempre recibió una educación impecable en cuanto a idiomas, y por ello domina al completo el inglés y el francés, además de haber estudiado -aunque no al completo- el italiano y el ruso.
Estudios: Universitarios, por supuesto. Especializada en Ingeniería Civil.


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Felicity N. Whittingslow

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Re: Felicity Norah Whittingslow.

Mensaje por Azul el Miér Nov 23, 2011 6:16 am


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Bienvenido al Vagón 7, ya puedes abordar.
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